viernes, 6 de mayo de 2011

Postulados Teóricos de los Representantes del Racionalismo Crítico

                                                    República Bolivariana de Venezuela
Ministerio de  Educación Superior
Universidad Experimental Rómulo Gallegos
Área  de post-grado
Doctorado en Ciencias de la Educación




APORTES FILOSÓFICOS
Y
LA PRODUCCIÓN DOCTORAL






Doctora                                                                                                   Integrantes:
Lilia Moncada                                                   Aguilar C, Valmore E          10975926
                                                                                                                     Armas Gladys                         8556889
                                                                                                                    Córdova Alfredo José         5689555







            Los científicos y filósofos que privilegian los elementos teóricos o hipotéticos para la construcción del conocimiento científico se denominan racionalistas. Según este enfoque epistemológico, la ciencia se inicia con conceptos no derivados de la experiencia del mundo, sino que es el investigador valiéndose de su intuición quien plantea sus ideas en forma de hipótesis. El científico, además de generar conjeturas sobre la realidad, las pone a prueba confrontándolas con las observaciones y/o experimentos. De acuerdo a esta corriente el conocimiento científico se inicia a través de la captura mental de una serie de principios generales a partir de las cuales se deducen sus instancias particulares. La concepción racionalista tuvo sus antecedentes en dos vertientes distintas: La platónica o cartesiana y la kantiana.
        La primera postula que por medio de la razón es posible establecer los principios más generales que regulan la naturaleza y a partir de ellos deducir la realidad. La segunda sostiene que la razón pura es incapaz de alcanzar conocimiento alguno sobre el mundo exterior y que se requiere de la experiencia de nuestros sentidos, pero que esta experiencia sólo la conocemos después de que ha sido elaborada y estructurada. A pesar de que las dos vertientes del método a priori-deductivo son tan distintas, ambas postulan que nuestro contacto con el mundo exterior no es directo sino que ocurre a través de estructuras previamente establecidas, en el primer caso por la razón pura y en el segundo caso por la razón crítica. Dentro de esta corriente de pensamiento se inscriben numerosos filósofos, destacando entre ellos, los planteamientos de Karl Popper, Thomas Kuhn, Imre Lakatos, los cuales se examinan a continuación. 

 Karl Raymund Popper (1902 - 1997)
       Karl Popper es la figura más influyente y respetada de la filosofía de la ciencia en la segunda mitad del siglo XX, destacándose por las fuertes críticas que realiza al positivismo lógico en su primera versión. En relación a ello declaró lo siguiente: no compartía la metodología inductivista como vía de acceso al conocimiento científico, afirmaba que la observación siempre está impregnada de teoría y estableció como criterio de demarcación científico la "Falsabilidad". A pesar de estas diferencias con la edición inicial del Círculo de Viena compartió algunos puntos básicos de la Concepción Heredada (Received View). Su pensamiento se difundió con un importante auge en la década de los cincuenta y de los sesenta en los Estados Unidos, y a continuación en el resto del mundo, constituyéndose en referencial para la mayoría de los epistemólogos. 
       El punto de partida de la reflexión filosófica de Popper estriba en la importancia atribuida a las teorías científicas, así como la contrastación negativa con la experiencia, por la vía de la falsación. Popper afirma que "las ciencias empíricas son sistemas de teorías; y la lógica del conocimiento científico, por tanto, puede describirse como una teoría de teorías...La filosofía de la ciencia, entonces, queda planteada como disciplina metateórica, o metacientífica, cuyos objetos principales de reflexión son las teorías científicas, y no las ideas, ni los universales, ni los hechos más simples y elementales" (Echeverría 1989). En la corriente popperiana la razón científica funciona a base de construir sistemas peculiares de conocimiento del mundo, a objeto de poder explicar los fenómenos con la meta final de dominar la naturaleza, lo que equivale en muchos casos a transformarla; y el instrumento fundamental para cumplir con esa labor son las teorías. 
          En este sentido, desarrolla la tesis de que todo conocimiento está impregnado de teoría, llegando a admitir la existencia de disposiciones innatas en el conocimiento humano. Con el mismo énfasis que Popper destaca la primacía de las teorías científicas sobre los hechos empíricos en su explicación de la ciencia, también emerge su rechazo por el criterio positivista de verificación y de la conexión establecida entre verificación y significado; y en contraposición propuso el criterio de falsabilidad (posibilidad de falsar o refutar una teoría). Por eso la ciencia consiste no sólo en confirmación, sino en pruebas para ver si las hipótesis son falsables. Popper distinguió la ciencia verdadera, constituida por teorías susceptibles de ser demostradas falsas, poniendo a prueba sus predicciones, de las seudociencias, que no son refutables. 
        Siguiendo su criterio de demarcación (la falsabilidad), Popper sugirió que tales pruebas debían estar dirigidas a poner de manifiesto los aspectos falsos o equivocados de las teorías, las que no son el resultado de la síntesis de numerosas observaciones (posición inductiva), sino más bien son conjeturas creadas por los investigadores para explicar cualquier problema y que deben ponerse a prueba a través de confrontaciones con la realidad para su posible refutación. Lo anterior fue el origen de la versión popperiana del método científico denominado hipotético - deductivo. Entonces, la ciencia progresa por medio de conjeturas o refutaciones, siendo la demostración de la falsedad de una hipótesis una deducción lógicamente válida, en atención de que parte de un enunciado general y se confronta con uno o varios hechos particulares. 
        Una teoría será científica si puede ser falsada por medio de la experiencia (en el caso de las teorías empíricas) o por medio de su contradictoriedad interna (en el caso de las teorías lógicas y matemáticas). En esta corriente las teorías no son nunca verificables empíricamente, pero si han de ser contrastables con ella.
        Estas ideas de Popper dejan explícitamente planteado su rechazo al inductivismo: "La ciencia no consiste en una colección de observaciones de las cuales inferimos leyes o hipótesis, sino en un examen crítico de hipótesis destinado a eliminar las que conduzcan a conclusiones falsas" (Ferrater 2001 III).
         Asimismo, elaboró la noción de probabilidad en sentido lógico y no estadístico, defendiendo la idea tendencial de probabilidad. La probabilidad lógica de un enunciado es complementaria con su grado de falsabilidad: Al comparar el grado de falsabilidad de dos enunciados, también se puede afirmar que uno es más probable lógicamente que el otro, cuando tiene menor grado de falsabilidad. Una teoría que no es falsable de ninguna manera, por que no prohíbe ningún acontecimiento empírico, tiene un grado de falsabilidad igual a cero y, por tanto, su probabilidad lógica es 1; y viceversa, las teorías o los enunciados científicos más falsables son los menos probables lógicamente. Lo cual no quiere decir que este último tipo de enunciados o de teorías no sean científicas, sino todo lo contrario. Las teorías que tienen probabilidad lógica 1 no dan ninguna información sobre la empíria: las teorías empíricamente preferibles, en el sentido de que son plenamente científicas, son aquellas cuyo contenido empírico es muy alto, y por consiguiente su probabilidad lógica muy baja (Echeverría 1989).
Por otra parte, es relevante destacar el carácter evolucionista de la teoría popperiana acerca del conocimiento, el cual se manifiesta de dos maneras (Ferrater 2001 - III): 
1. Todo conocimiento es siempre un proceso que parte de un problema, ensaya soluciones, elimina los errores encontrados y descubre una solución. Ésta es, a su vez, el planteamiento de un nuevo problema, o de una serie de problemas. 
2. El conocer, siendo reacción a problemas, es una actividad de todos los organismos, los cuales incorporan esquemas en términos de los cuales se enfrentan justamente con problemas. 

           Otra de las ideas más discutidas de Popper es la llamada Teoría de los Tres Mundos: el mundo de las cosas materiales, el de los objetos físicos o de los estados físicos (primer mundo); el mundo subjetivo de los procesos mentales, de los estados de conciencia, o quizá de las disposiciones conductuales para actuar (segundo mundo); y el mundo de los productos de la actividad de organismos (tercer mundo). Este último mundo, en particular es el de los productos humanos (productos culturales), aunque resultante de las actividades, intencionales y no intencionales, de sujetos, tiene su propia estructura y sus propias leyes, siendo por tanto, un mundo objetivo: de contenidos objetivos del pensamiento, especialmente del pensamiento científico y poético y de las obras de arte. 
         Aunque el estudio del "tercer mundo" puede arrojar luz sobre el segundo, y aunque no ocurre lo inverso, el tercer mundo es un producto natural del animal humano.

El conocimiento objetivo se desarrolla mediante la interacción entre nosotros y el tercer mundo. 

 Imre Lakatos (1922 -1974) 
           Imre Lakatos fue un filósofo húngaro muy influenciado por la filosofía hegeliana, que a partir de los 40 años se orienta hacia la filosofía popperiana. 
        La tesis central del falsacionismo desarrollado por Lakatos estriba en que una teoría nunca puede ser falsada por la observación ni por experimento alguno, pero sí por otra teoría: Señala que ningún experimento, informe experimental, enunciado observacional o hipótesis falsadora de bajo nivel, bien corroborada, puede originar por si mismo la falsación. No hay falsación sin la emergencia de una teoría mejor. 
         Para explicar los procesos de cambio científico, el problema metodológico que hay que resolver no es la contraposición teoría - experiencia, sino los criterios de evaluación entre teorías rivales, huyendo así del psicologismo, sociologismo o del irracionalismo. Para ello propone un criterio racional de elección por parte de los científicos, y en general para todas las comunidades científicas. 
               El falsacionismo que él propone denominado falsacionismo refinado difiere del ingenuo en sus reglas de falsación o eliminación. Para el falsacionista ingenuo cualquier teoría que pueda interpretarse como experimentalmente falsable es "aceptable" o "científica" sólo si tiene un exceso de contenido empírico corroborado con relación a su predecesora o rival, predice hechos nuevos, improbables e incluso excluidos por la anterior teoría. Considera importante la evaluación de una serie de teorías y no las teorías aisladas, esto trae como consecuencia fundamental para el análisis epistemológico, que las unidades básicas de análisis ya no son las teorías sino los programas de investigación científica.
            Según Ruy Pérez Tamayo (1998) el esquema general de Lakatos es particularmente atractivo, porque postula una estructura casi tridimensional para sus "programas científicos de investigación". En efecto, cada uno de esos programas está formado por tres capas concéntricas de entidades dialécticas: 1) El núcleo central, que reúne los supuestos básicos y esenciales del programa, o sea todo aquello que es fundamental para su existencia; 2) Este núcleo central está celosamente protegido de las peligrosas avanzadas de la falsación por un cinturón protector llamado "heurístico negativo", que es un principio metodológico que estipula que los componentes del núcleo central no deben abandonarse a pesar de las anomalías, y que está constituido por múltiples elementos como hipótesis auxiliares, hipótesis observacionales, diferentes condiciones experimentales, entre otros; 3) La capa externa del programa científico de investigación se conoce como "heurístico positivo" y representa las directrices generales para explicar los fenómenos. 
             Lakatos examina en detalle los distintos mantos que constituyen los programas de investigación, el carácter flexible de la heurística positiva, el papel de las anomalías y las diferentes interpretaciones que pueden darse a las confirmaciones, refutaciones y desafíos, para lo cual usa un abundante material histórico, considerando que la filosofía de la ciencia sin historia de la ciencia es vacua. Sin embargo, opina que la historia de la ciencia es racionalmente reconstruible, existiendo una diferencia marcada entre la historia interna y externa de la ciencia, no queriendo decir que no haya una historia sino que ésta se explica internamente a través de la teoría de los programas de investigación, cuya metodología es completada por la historia empírica. Por lo que Lakatos desarrolla una teoría de la racionalidad, que debe entenderse como una metodología y como un programa de investigación. En definitiva, destaca los hechos empíricos dentro de una metodología. 

             Señala Lakatos que existe una jerarquía de acceso a esos tres niveles de programas de investigación. La primera ocurre en la periferia conceptual del sistema y sólo tiene tres opciones: 

1) Cuando se está de acuerdo con los principales hechos de observación. 

2) Cuando registra hechos no explicables con el sistema, pero solamente a nivel del cinturón protector o heurístico positivo, el cual es fácilmente modificable. 
3) Presenta información que afecta gravemente la vigencia central del sistema. 

               Además, destaca que existen dos clases de programas de investigación científicos: los progresistas cuando su crecimiento teórico anticipa su crecimiento empírico, o sea que continúa prediciendo hechos nuevos con cierto éxito; y los degenerados cuando su crecimiento teórico está rezagado con relación a su crecimiento empírico, en otras palabras, que sólo ofrece explicaciones post hoc, es decir, de descubrimientos accidentales o hechos predichos por otro programa rival. Una debilidad de este planteamiento es que Lakatos no propuso criterios adecuados para distinguir los programas progresivos de los degenerados. 
 Thomas Kuhn (1922 - 1996) 
            Su contribución fundamental a la filosofía de la ciencia la hace en su famoso libro "La Estructura de las Revoluciones Científicas", publicado en 1962; en donde introduce la historia como elemento indispensable para su compresión integral. 
           Al contrario de quienes sostienen que la filosofía de la ciencia es básicamente una reconstrucción lógica de las teorías científicas, Kuhn considera que el estudio histórico de la ciencia es indispensable para comprender no sólo cómo se han desarrollado las teorías científicas, sino por qué en ciertos momentos determinadas teorías son aceptadas y, por lo tanto, justificadas y validadas. De acuerdo a lo anterior, la historia de la ciencia pone de manifiesto, que las disciplinas pasan por ciclos, que constan de dos fases: la ciencia normal y la revolución, identificando una tercera fase inicial (preciencia), que desaparece a partir del segundo ciclo.
          Asimismo, Kuhn introdujo la famosa idea de paradigma (1) que se refiere a la teoría general o el conjunto de ideas sostenidas por una generación de científicos. 
            Los ciclos mencionados se inician por una etapa más o menos larga de preciencia, durante el cual se recolectan observaciones no definidas y sin referencia a un esquema general, pudiendo existir varias escuelas de pensamiento compitiendo sin que ninguna de ellas prevalezca. Sin embargo, poco a poco un sistema teórico adquiere aceptación general, surgiendo el primer paradigma de la disciplina. Este está formado por una teoría y un método, que juntos constituyen una manera de ver el mundo.
     Una vez establecido el paradigma, la etapa de preciencia es sustituida por la de ciencia normal (2), que se caracteriza porque la investigación tiene lugar de acuerdo al paradigma prevaleciente, resolviendo los problemas o acertijos con la estructura del mismo.
           Durante este período los resultados no compatibles con el paradigma dominante se van acumulando en forma de anomalías, que cuando alcanzan un nivel elevado, hace que el paradigma se abandone y se sustituya por otro que satisfaga no sólo los hechos explicados por el paradigma anterior sino también todas las anomalías acumuladas (3). A la ciencia que se lleva a cabo en este proceso de cambio, de un paradigma a otro, Kuhn la denomina ciencia revolucionaria. Siendo esta concepción Khuniana de la historia de la ciencia un proceso cíclico. En este análisis de cambio es donde Kuhn introduce una de sus ideas fundamentales, proponiendo que la sustitución de un paradigma no es un proceso racional, entre otras cosas porque los distintos paradigmas son inconmensurables, que no significa que sean incompatibles, sino que no son comparables entre sí.
               La inconmensurabilidad del paradigma antiguo y del nuevo determina que sus respectivos partidarios hablen distintos idiomas, o sea que los mismos términos tengan diferentes significados, lo que dificulta o imposibilita la comunicación entre ellos, lo que impide que se aproveche toda la información acumulada durante el período de ciencia normal anterior a la revolución, que termina por cambiar un paradigma por otro.
              La inconmensurabilidad es local, en otras palabras, un cambio teórico revolucionario afecta a algunos conceptos, pero no a la mayoría, esto permite que quede una amplia base conceptual común para poder realizar comparaciones entre las teorías. De allí que la inconmensurabilidad no impida que haya progreso del conocimiento, ya que ella lo provoca, siendo éste no sólo cuantitativo sino de reorganización a profundidad de lo conocido. 
Kuhn niega la existencia de una verdad independiente de la teoría, por lo que hay que entender el progreso científico de manera instrumental, como un crecimiento intrateórico de la capacidad de resolver problemas y de predecir. Este desarrollo teórico tiene como precio una creciente especialización que aísla una comunidad de otra. De igual forma, Kuhn no se refiere a la lógica del descubrimiento científico sino de la psico-sociología de la ciencia. La evolución de la ciencia, concebida de esa manera, escapa a las explicaciones racionales o la lógica de la investigación científica. Ellas se constituyen en explicaciones fuera de ese acontecer y son sociológicas o psicológicas, en otras palabras, cada paradigma está condicionado por una concreta situación histórica, sociológica y psicológica, por lo que no puede ser explicado dentro de una perspectiva racional. 

 Polémicas entre los Representantes del Racionalismo Crítico
 Popper-Kuhn 

             El reproche fundamental de Kuhn a Popper estriba en la visión continuista y acumulativa del progreso científico, ya que por el contrario él visualizaba el avance de la ciencia en base a crisis y rupturas, que implican cambios radicales en la concepción del mundo, emergiendo un nuevo paradigma al que se llegará mediante revoluciones científicas. 
            Al respecto, Kuhn señalaba que, la transición de un paradigma en crisis a otro nuevo del que pueda surgir una nueva tradición de ciencia normal, está lejos de ser un procedimiento de acumulación, al que se llegue por medio de una articulación o una ampliación del antiguo paradigma. Constituyéndose, por el contrario, en una reconstrucción del campo a partir de nuevos fundamentos, cambiando algunas de las generalizaciones teóricas más elementales del campo, así como también mucho de los métodos y aplicaciones del paradigma. El nuevo paradigma será incompatible en algunos aspectos fundamentales con el anterior. 
           Kuhn invalida la vigencia de la metodología falsacionista de Popper en la etapa de la ciencia normal, ya que durante la permanencia de ésta el científico no es crítico, ni intenta refutar las teorías científicas vigentes. En esta fase parece existir una intención de obligar a la naturaleza a que encaje dentro de los límites preestablecidos y relativamente inflexibles que proporciona el paradigma, por tanto, no se buscan nuevas teorías o fenómenos. 
            La ciencia normal investiga zonas muy especificas, pero con gran minuciosidad. La tarea principal estriba en articular y organizar cada vez mejor, en forma de teoría, los resultados que se han ido obteniendo. Asimismo, esta etapa consagra una buena parte de sus esfuerzos a la resolución de problemas que, podrían tener solución, en principio, a través de los criterios establecidos en el paradigma. Sin embargo, existen numerosas anomalías, es decir, hechos que de ninguna manera son explicables en el marco conceptual del paradigma y que incluso lo contradicen. La existencia de estas anomalías puede ser conocida durante mucho tiempo sin que por ello el paradigma se derrumbe. Kuhn afirma que el paradigma no podrá ser rechazado mientras no surja otro rival, que esté en condiciones de sustituirlo como nueva ciencia normal. Quedando demostrada de esta forma la diferencia con el criterio de demarcación popperiano (el falsacionismo), dado que hechos contradictorios con una determinada teoría no conllevan a su refutación, ni su falsación efectiva.
           Para Kuhn lo que se pone a prueba no es la teoría o hipótesis general, sino la habilidad del científico, ya que si los resultados no son compatibles con el paradigma dominante, lo que está mal es el trabajo del investigador. En esto difiere de Popper que afirma que lo que está fallando es la teoría. Kuhn y Popper coinciden en pasar por alto los mecanismos de generación de las hipótesis, aunque el primero las atribuye a la intuición estimulada por la acumulación progresiva de anomalías y el segundo sólo a la intuición. En cambio, mientras Popper postula que el cambio de una teoría científica por otra proviene de la falsación de la primera y el mayor poder explicativo de la segunda, o sea que se trata de un proceso lógico y racional, Kuhn afirma que la historia demuestra que tal sustitución obedece mucho más a fuerzas irracionales e ilógicas, más relacionadas con factores sociológicos que racionales. 
             Para Popper la ciencia no puede y no debe avanzar a partir de una absoluta libertad crítica, la cual es el criterio de Kuhn. Para Popper la democracia científica tiene límites, para Kuhn, no.
Popper sostiene que la ciencia progresa porque la fuerza de la crítica interna, constituida por las refutaciones, mantiene el cuerpo teórico que se constituye en ciencia, lo que muestra el progreso, mientras que para Kuhn éste se da porque la ciencia normal cede su paso a otra extraordinaria, y es ésta la que demuestra el progreso de la ciencia. 
 Lakatos-Kuhn 

Lakatos mantiene varias de las tesis de la corriente kuhniana, entre ellas se pueden señalar: 

         
  El más importante acuerdo entre Kuhn y Lakatos se centra en el hecho de que una teoría sólo podrá ser refutada por otra teoría rival: Los científicos abandonan una teoría por otra en función del mayor contenido empírico de la segunda, caracterizado por el descubrimiento y la corroboración de algunos hechos nuevos y sorprendentes, pero así mismo en función de su mayor potencial heurístico; lo que origina que las teorías sean evaluadas en función del programa de investigación en el que se insertan, y no aisladamente en confrontación con la experiencia. 
            En este sentido, ambas corrientes postulan que una teoría siempre acabará siendo sustituida por otra; pero no por cualquiera de entre todas las que proliferaron en la fase de la crisis del paradigma, diciéndolo en términos de Kuhn; sino por aquella que, en primer lugar, incluya lo fundamental de la anterior, pero que además la supere, entendiendo como tal el establecimiento de nuevas predicciones empíricas que puedan resultar incluso sorprendentes para los defensores de la teoría anterior, pero que luego se ven confirmadas experimentalmente.
        Lakatos aceptó la existencia de anomalías - entendidas como aquellos hechos que no son explicables a través del marco conceptual del paradigma vigente - para toda teoría científica planteada por Kuhn. Lakatos, asimismo, acuñó la importancia que Kuhn otorgaba a la historia de la ciencia para la epistemología, destacando las nociones de historia interna y externa a una teoría. 
Lakatos no está de acuerdo con Kuhn en lo siguiente: En el caso de que existan refutaciones que den lugar a anomalías, la teoría no tiene que ser rechazada a priori, puesto que ellas pueden explicarse a posteriori. La existencia de anomalías no marcan la diferencia entre ciencia normal y extraordinaria, como es el criterio de Kuhn. Al contrario, estas pueden desaparecer en una investigación y ratificar la teoría tradicional. 
 Popper-Lakatos 

           Lakatos valida el principio de falsabilidad de Popper, introduciendo mejoras que le permiten presentar su propuesta denominada "Falsacionismo Metodológico Refinado" (4). La diferencia con el principio de falsabilidad de Popper propugnada por Lakatos estriba en que no se pueden probar las teorías y tampoco refutarlas a través de procedimientos exclusivamente empíricos (basados en la experiencia), dado que, por una parte, no hay demarcación natural (psicológica) entre las proposiciones observacionales y las proposiciones teóricas; y por otra parte, ninguna proposición fáctica nunca podrá ser probada mediante un experimento crucial, debido a su vez a que toda prueba conlleva una deducción lógica, y las proposiciones sólo puedan derivarse a partir de otras proposiciones, y no de hechos.
       Los experimentos cruciales no existen, si se hace referencia a aquellos que pueden destruir instantáneamente a un programa de investigación. Si cabe, en cambio, que cuando una teoría ya ha sido sustituida por otra, retrospectivamente se le atribuya a algún experimento el haber refutado a la primera y corroborado a la segunda. Pero el abandono de la teoría refutada nunca depende exclusivamente de un solo experimento.
        Así, para el falsacionismo ingenuo de Popper cualquier teoría que pueda interpretarse como experimentalmente falsable es aceptable como científica, y su falsación está dada por un enunciado observacional que entra en conflicto con ella. Para el falsacionismo refinado una teoría es aceptada científicamente sólo si tiene un exceso de contenido empírico corroborado con relación a la teoría predecesora o rival; según Echeverría (1989) esta condición puede descomponerse en dos aspectos: 

Que la nueva teoría tenga exceso de contenido empírico (aceptabilidad 1), lo cual puede confirmarse mediante un análisis lógico a priori.
Que parte de ese exceso de contenido resulte verificado (aceptabilidad 2), lo cual sólo podrá contrastarse empíricamente y ello puede traducirse en un tiempo indefinido.
Siguiendo esta postura, una teoría T queda falsada si y sólo si otra teoría T' ha sido propuesta y tiene las siguientes características (Echeverría, 1989):
a) T' tiene un exceso de contenido empírico con relación a T; esto es, predice hechos nuevos, improbables e incluso excluidos por T. 
b) T' explica el éxito previo de T, esto es, todo el contenido no refutado de T está incluido en el contenido de T'. 
c) Una parte del exceso de contenido de T' resulta corroborado. 
           En cuanto a su controversia con Popper, destaca el choque entre el esquema de los programas de investigación y el método hipotético - deductivo de Popper; del que se deriva y al que pretende superar. Para ambos métodos el objetivo de la ciencia no es alcanzar la verdad sino aumentar la verosimilitud.
           En Popper la unidad funcional es la teoría, mientras para Lakatos es un conjunto de teorías organizado en un núcleo central y rodeado por los cinturones heurísticos positivos y negativo (o sea un programa de investigación científico). Para Popper, los experimentos cruciales son importantes porque sirven para falsar teorías, mientras que para Lakatos son irrelevantes en vista de que siempre se puede modificar el cinturón heurístico negativo sin afectar a la teoría. Coinciden en que las distintas teorías deben compararse por su aumento en contenido y su corroboración, y ambos enfrentan el mismo problema de cómo medirlo. Finalmente, Popper se preocupa por cómo se hace la ciencia, Lakatos escudriña el pasado para sugerir cómo debería hacerse la ciencia en el futuro. 

Conclusiones 

           En los últimos años se ha mantenido una larga controversia acerca de la interpretación de la forma de construcción del conocimiento científico y de los principios metodológicos que determinan lo qué es y lo qué no es ciencia. Dentro de esta discusión la concepción racionalista ha desempeñado un papel protagónico, manteniéndose vigentes muchos de sus planteamientos hoy en día.   El análisis evolutivo de esta corriente de pensamiento ha permitido constatar que el ámbito de discusión se ha trasladado del campo de los fenómenos físicos y naturales al de los sociales, en cuyo seno destaca el énfasis puesto recientemente por el carácter socio-histórico. 
            El racionalismo crítico presenta una visión del conocimiento científico en función de la cual es necesario presuponer ciertas condiciones en el mundo y en nuestro acceso cognitivo a él. En otras palabras, consiste en adquirir una actitud más crítica frente a las teorías plenamente establecidas en la ciencia. De acuerdo a este esquema, el conocimiento científico se adquiere por medio de la captura mental de una serie de principios generales, a partir de los cuales se deducen sus instancias particulares. El desarrollo del racionalismo hizo posible la validación de algunas disciplinas de ámbitos tradicionalmente humanísticos como la economía y la lingüística que bajo esta concepción se convierten en ciencias teóricas y explicativas. 
            Es importante resaltar que en la corriente racionalista existe un gran número de filósofos que contribuyeron al desarrollo de sus tesis fundamentales. No obstante, el estudio realizado sólo se centra en los más relevantes: Popper, Kuhn, Lakatos.
          Popper constituye la figura más influyente y respetada dentro de esta corriente. Su tesis fundamental descansó en proponer un modelo de formación del conocimiento opuesto al positivista. Para lo cual plantea el falsacionismo como criterio de demarcación entre ciencia y no ciencia. La objeción a sus principios es de carácter histórico, pues si los científicos se hubieran ceñido rigurosamente al falsacionismo, muchas de las teorías más sólidas de la ciencia nunca hubieran alcanzado su desarrollo actual; dado que una vez que éstas enfrentaran hechos que los contradijeran serían rechazados. Es en este punto donde adquiere importancia el pensamiento de Kuhn, el cual realiza un viraje en la metodología de la ciencia al tomar gran relevancia el papel de los estudios históricos. Asimismo, rechaza la idea de Popper de que la ciencia crece por acumulación, afirmando que ésta lo hace en base a saltos, que provocan rupturas con el paradigma vigente al producirse una revolución científica. 
          El planteamiento de Lakatos se inscribe dentro del falsacionismo popperiano, al cual mejora, y lo denomina falsacionismo metodológico refinado, para el que tomó en consideración muchas de las críticas formuladas por Kuhn, como la existencia de anomalías para toda teoría científica y la importancia de la historia de la ciencia para la epistemología: Su aporte fundamental se centra en plantear el esquema de programas de investigación científica para distinguir a la ciencia de otras actividades que no lo son. 
         Por otra parte Feyerabend, presenta muchos puntos de coincidencia con Kuhn, entre otras cosas, en su idea central de inconmensurabilidad de los paradigmas o teorías científicas; en relación al método científico se declara anarquista, pues históricamente éste no ha existido. Al igual que Kuhn señala que tanto el cambio como el crecimiento de la ciencia se explican por factores externos como ideologías, preferencias subjetivas, estilo literario, entre otros aspectos. 

Análisis del Futuro de la Educación Superior

En la actualidad, las políticas sociales y de servicios públicos están sometidas a fuertes presiones. La universidad, por su parte, se orienta cada vez más hacia el modelo de mercado. Todos los países están sometidos a grandes presiones para poder satisfacer la demanda de conocimiento superior que necesitan los sistemas productivos. Los centros de formación superior son cada día más conscientes de que se están dirigiendo a consumidores que pueden elegir los mejores cursos existentes en el mercado. Sin embargo, las universidades deben enseñar también a pensar y por qué no a imaginar, a sentir y a soñar. La Universidad se encuentra en este momento ante el desafío de afrontar una reforma. En este caso no se trata de una reforma científica puesto que no se han detectado deficiencias ni obsolescencia en la docencia o en la investigación. Tampoco se trata de una necesidad política. El objetivo fundamental parece ser  el de preparar profesionales y adaptar las institución universitaria para competir con los Estados Unidos en el mercado de la educación y en convertir a la regiones en  regiones más competitiva del planeta. Se trata por lo tanto de conseguir, con esta reforma, un objetivo de tipo económico. Por todo ello, nos parece muy conveniente ofrecer algunas reflexiones sobre el contexto mundial en el que este cambio se produce porque aunque estas capacidades no se necesiten para producir, se necesitan para vivir con dignidad. La masificación de la educación superior es uno de los fenómenos sociales más significativos de la segunda mitad del siglo XX. En América Latina, este proceso pareció obedecer a las reivindicaciones sectoriales de una clase media en ascenso, que buscaba en el acceso a la universidad una reafirmación identitaria, a la vez que un canal de promoción social. Sin embargo, la expansión en la matrícula universitaria no logró articularse con los requerimientos estructurales que demandaba el desarrollo económico  de un país. Por otra parte, a partir de la fragmentación social agravada notoriamente desde los noventa, la masificación de la universidad esconde los efectos de una dramática polarización social, en la que la matrícula universitaria crece mientras se deterioran los niveles educativos básicos, dando lugar a una amplia capa de la población que ve cercenadas desde etapas muy tempranas sus posibilidades de acceder a la educación superior. Una vez más se plantea la necesidad de debatir seriamente sobre la respuesta a esta interrogante. El asunto vuelve a ponerse en el tapete con las fuertes presiones del Gobierno para que las universidades nacionales incorporen a sus aulas a un mayor número de estudiantes. Por cuanto ese acoso gubernamental está cargado de clisés, omisiones y peligrosas distorsiones que no favorecen la discusión fecunda, es preciso que en nuestras instituciones educativas le brindemos más atención al debate de esa importante cuestión, a fin de contribuir a la búsqueda de la articulación de esfuerzos en el marco de un sistema nacional de ingreso a la educación universitaria prevista en la LOE. Si bien es cierto que en nuestro país debemos aumentar de modo responsable el acceso a la educación universitaria, es necesario tomar conciencia de que tal cometido implica en lo fundamental una verdadera política de Estado dirigida a disminuir significativamente o a eliminar la exclusión escolar en sus dos vertientes: la de quienes por distintas razones no han podido culminar sus estudios de educación media diversificada y profesional, y la de aquellos que, una vez egresados de este nivel, tampoco han podido ingresar hasta el día de hoy en nuestra educación superior. Si en verdad el Gobierno está interesado en aumentar la masificación estudiantil en la educación universitaria, entonces tiene la obligación de propiciar el fortalecimiento y la articulación entre sí de todas las instituciones de este nivel educativo, y asimismo, está llamado a promover el establecimiento de las bases de un sistema nacional de ingreso que esté basado en la concertación, no en la imposición como ahora se pretende, y en sintonía con los planes de desarrollo de la nación. Muchos pueden pensar que diseñar la universidad del futuro y concretar las acciones estratégicas para alcanzar los objetivos que se fijen es una cuestión de carácter técnico-práctico alejada del debate teleológico de sus últimos, sutiles y teóricos fines. Sin embargo, puede resultar poco operativo saltarse un paso previo sobre el que, necesariamente, tenemos que volver a la hora de valorar acciones alternativas y políticas específicas de adaptación a los retos de futuro. La universidad debe buscar hoy día cumplir su responsabilidad con la sociedad no sólo garantizando una formación de calidad, ajustada al conocimiento científico, técnico o artístico, sino yendo más allá y asegurando una formación integral que responda a ese perfil universitario que dará respuestas a las necesidades sociales de este nuevo siglo XXI. Esa formación integral no es fácil, entre otras cosas, porque requiere de enfoques, dedicaciones y recursos que no siempre están disponibles para todos en cualquier momento. De esta forma, la colaboración interuniversitaria es crucial, como también lo es la vinculación con el mundo empresarial de una manera eficaz para generar potencialidades que contribuyan a mejorar la empleabilidad de nuestros universitarios. La base de la competitividad nacional y lo que diferenciará a las naciones que tengan más éxito, de las que tengan menos éxito en el futuro próximo, será el aspecto de la calidad, efectividad y relevancia de su previsión en educación. Las naciones occidentales sólo podrán mantener su hegemonía económica si pueden aportar al mercado, trabajadores bien formados. Y esa formación, al menos en lo que toca a la formación superior, no puede producirse tal como hasta ahora. La aparición de algunos factores nuevos, entre los cuales el más importante es la eclosión de las nuevas tecnologías de la información, varía el planteamiento actual de los métodos tradicionales  de aprendizaje de las universidades. La Conferencia Mundial de Educación Superior realizada destacó la importancia fundamental de la cooperación internacional solidaria como vía para mejorar la calidad de la Educación Superior,  así como su contribución a la reducción de la brecha en materia de desarrollo, mediante el aumento de la transferencia de conocimientos. En este proceso se destaca el papel de las redes internacionales de universidades y sus iniciativas conjuntas de investigación y los intercambios de estudiantes y personal docente.  Otro aspecto importante a considerar en la conceptualización sobre la cooperación, es el reconocer que éste tipo de cooperación es la que permite una mayor interacción entre las instituciones y sus comunidades académicas. Se aprovechan mejor las capacidades con que cuenta cada una logrando potenciar fortalezas individuales, se establecen nuevas formas de integración y de articulación, al tiempo que se promueve el trabajo en redes. Por lo que la cooperación académica internacional se basa en la complementariedad de las capacidades de los actores participantes para la realización de actividades conjuntas. Finalmente en este ámbito de cooperación, la dimensión de solidaridad se refiere al conjunto de acciones cooperativas con instituciones de otros países para el mutuo beneficio, con la finalidad de ampliar las posibilidades de incrementar el conocimiento y el desarrollo, así como las posibilidades de acuerdos para el establecimiento de programas conjuntos de intercambio de movilidad que incrementen el sentimiento de pertenencia a la región y enriquezcan la formación de los estudiantes, docentes e investigadores en el marco de la integración. Así, la cooperación académica solidaria se convierte en una actividad horizontal que responde al tipo de cooperación activa e integrada institucionalmente que puede influir en las políticas públicas e institucionales. Igualmente influye en la formación docente, en la oferta educativa de pregrado, postgrado y la educación continua, en sus modalidades: presenciales o virtuales. Influye también, en la formación de investigadores y en los mismos procesos de la investigación científica, en las actividades de proyección social, vinculación con la sociedad o extensión, y muy especialmente en el papel que desempeñan las universidades en la cooperación para el desarrollo.

Análisis de Abrir las Ciencias Sociales

            
urg(viejo)sombra3                                                    República Bolivariana de Venezuela
Ministerio de  Educación Superior
Universidad Experimental Rómulo Gallegos
Área  de post-grado
Doctorado en Ciencias de la Educación








Análisis de abrir  las ciencias sociales


















                                                                                                                  Doctorando:
                                                 
                                                                                                                   Córdova Alfredo José         5689555




El trabajo coordinado por Immanuel Wallerstein, “Abrir las ciencias sociales”, constituye un buen esquema general para la creación de escenarios de discusión académica que nos permita entender con mayor precisión el papel que los investigadores tienen en el contexto de la modernidad, así como la posibilidad de generar nuevas teorías que profundicen las existentes y se concrete un avance hacia la superación de obstáculos en ese inmenso mar de complejidades en que está inmerso el mundo civilizatorio.
            “La construcción histórica de las ciencias sociales desde el siglo XVII hasta 1945” Primera parte de la obra Abrir Las Ciencias Sociales, muestra la génesis de las ciencias sociales a partir del concepto de ciencia que se difundió en el siglo XVII: “la búsqueda de leyes naturales universales que se mantenían en todo tiempo y espacio” en él se establece que aunque en un principio no había una distención entre ciencia y filosofía, a medida que el trabajo experimental se vuelve cada vez más importante para la ciencia , la filosofía se separa de la teología . Todo comenzó cuando los filósofos sociales empezaron a hablar de “física social” y los pensadores europeos comenzaron a reconocer la existencia de múltiples tipos de sistemas sociales en el mundo, cuya variedad requeriría una explicación. Es en este contexto, y ante la necesidad de que una figura institucional liderara estas nuevas ideas de conocimiento, que las universidades vuelven a ocupar espacio en la sociedad como principal centro de producción del nuevo conocimiento. Los autores afirman que en el siglo XVIII “estaba claro que la lucha epistemológica sobre qué era conocimiento legítimo ya no era solamente una lucha sobre quién controlaría el conocimiento sobre la naturaleza, sino sobre quién controlaría el conocimiento sobre el mundo humano. De esta manera, en el siglo XIX se abrieron diversas disciplinas para cubrir las diferentes gama epistemológicas encontrándose en un extremo las ciencias naturales experimentales y en el otro las humanidades, y en el medio de ambas el estudio de las ciencias sociales. Los autores establecen que  las divisiones de las ciencias sociales empezaron en la primera mitad de este mismo siglo, fueron formalmente reconocidas como se reconocen en la actualidad. En el mismo momento en que las estructuras institucionales de estas ciencias sociales se instalan y delinean sus caminos de investigación, las prácticas científicos sociales, en especial después de la Segunda Guerra Mundial, empezaron a cambiar creando una brecha entre dichas prácticas y las posiciones intelectuales de los investigadores, y por otro lado, se apreció un claro deslinde de intereses entre éstos y las organizaciones formales de las ciencias sociales. Después de 1945 varios procesos afectaron la estructura la institucionalizada ciencias sociales: a.- El cambio de la estructura política del mundo; b.- El crecimiento demográfico y de la capacidad productiva después de 1945, arropó todas las relaciones en sociedad; y c.- La expansión extraordinaria, tanto cuantitativa como geográfica, del sistema universitario en todo el mundo, lo que condujo a la multiplicación del número de científicos sociales profesionales, determinaron un nuevo mundo social y positivista, la estructura institucional de las ciencias sociales requirió de una gran inversión para su consolidación. Los países triunfadores de la Guerra, encabezados por EE.UU. e Inglaterra, tomaron la batuta en las líneas de investigación que, a su juicio, eran las que requería el mundo para alcanzar el anhelado orden y progreso. El autor del artículo propone cambiar la visión de la división “tripartita” la cual fue concebida sobre el concepto de “las dos culturas” y que está quedando obsoleta, con toda la presión social rodeando al personal académico en las universidades, convendría mirar hacia el futuro próximo (20 – 50 años), ver hacia dónde se dirigen las universidades y que pueden ofrecer tanto a los estudiantes como para el mundo laboral de los mismos, esto aunado a la cantidad de dinero que involucran los planes para financiar investigaciones y reformas en la educación.Las que primeramente propone el autor, aunque significarían una inversión son:
            La formación de grupos enfocados a temas específicos durante un año aproximadamente.
            Que las universidades abran por periodo de cinco años, centros especialmente dedicados al estudio de ciertos temas que necesiten ser estudiados, asignando los fondos necesarios desde el inicio del periodo y con esto eliminar el proceso de creación de propuestas para conseguirlos
Las otras propuestas que a diferencia de las anteriores no tienen costo alguno son:
            Asignar cargos simultáneos a los profesores de las universidades
            Hacer este cargo algo de carácter obligatorio y lograr que los profesores con este doble compromiso estén en dos departamentos simultáneamente
            Que el segundo departamento donde los profesores estén adscritos sea elegido por ellos
            Seguir este modelo para los estudiantes de posgrado, obligarlos a que tomen determinado número de cursos en departamentos diferentes a aquellos que ofrece el programa
            Limitar la obtención del título de Ph. D. para cualquier disciplina, sin haber tomado previamente la cuarta parte de los cursos en otro departamento